El salto debió realizarse en la ciudad de Colonia, porque allí era posible el alquiler del avión Hércules capaz de lanzar a 44 paracaidistas juntos, aparte del apoyo de la Fuerza Aérea Uruguaya que se prestó el cien por ciento para esta prueba. La jornada también contó con los veedores y jueces de la Federación Argentina, los cuales fueron los encargados de homologar este récord. De esta manera, Argentina quedó en segundo lugar en Latinoamérica, después de Brasil, como el país con la mayor cantidad de paracaidistas en una formación en caída libre.
Antes del salto se realizaron una serie de entrenamientos en donde se separaban a los participantes en grupos de ocho para poder lograr la adaptación; cabe aclarar que cada uno de los 44 participantes fue elegido específicamente por su trayectoria y experiencia en esta disciplina.
Guillermo Gorg, gestor del salto que entrena paracaidistas en todo el mundo, recorrió el país durante 2 años. Su misión: convocar a los mejores. Al récord se llegó a pulmón, juntándose una vez por mes a entrenar en tierra y pagando ellos mismos el equipo y el alquiler de los aviones.
Primero se desarrollaron tres vuelos con cuatro grupos de 10 paracaidistas que iban saltando simultáneamente, cada uno con un entrenador a cargo, el que a la vez era el encargado de evaluar a cada participante para designarle su lugar en la figura final.
La base (el circulo que está en el medio) se forma con seis personas y poco a poco los demás se van acoplando a la figura, a medida que la figura se conforma con más paracaidistas empieza a caer más despacio debido a la resistencia que produce en el aire. La base llega a la velocidad de 257 Km/h.