Por José Zenclussen
Atril, luces, empresa de sonido, empresa de pantalla gigante, muchas sillas y una decena de empleados municipales de “protocolo y marketing” desembarcaron en el Concejo Municipal para preparar el “mensaje” del intendente Rodrigo Müller de apertura de sesiones ordinarias.
El presidente del poder legislativo, Cristian Cammisi, permitió la invasión sin resistencia. En otras presidencias, el mismo dirigente político le entregaba a la intendenta una mesa con rueditas, un vaso de agua y un micrófono que apenas andaba, para el mismo acto institucional.
Müller no dijo demasiado. Anunció que en junio podría empezar la obra de pavimento y que comenzarán la obra de cloacas en el postergado barrio Norte, después de hacer las 13 cuadras en barrio Este, brindando primero el servicio frente a la casa de su jefe político. Esto último no lo dijo, pero todos lo sabemos.
En lugar de hablar del último año de gestión, usó el espacio para quejarse de la “herencia recibida” y aseguró que ahora la ciudad se planifica y gestiona. Fue una forma elegante de justificar a la veintena de funcionarios que estaban frente a él aplaudiéndolo.
Mientras hablaba y utilizaba recursos de contar historias de personas que ahora viven mejor gracias a su gestión, a las que invitaron especialmente a estar en el recinto, reiteraba sus cambios discursivos entre la campaña política y la función pública.
Un claro ejemplo es escucharlo a Rodrigo Müller hablar de un centenar de “soluciones habitacionales” para sumar lotes y viviendas entregadas. Muy distinto a la promesa de campaña sobre el centenar de casas a entregar en poco tiempo. Ya pasó, la gente se olvida.
Otras de las frases derretidas del discurso es la referencia al diálogo político. Se proclama desde el atril, pero se ejerce un autoritarismo pocas veces visto. Cuentan con camaleónicos dirigentes que lo ayudan, como el concejal Ranalletta, converso obediente de Unidos. Pero a pesar de ello, suena muy chocante la proclama para la tribuna y la realidad.
Los números brindados en el discurso hablaron de los dos años de gestión y muchos fueron engañosos. El objetivo del acto es hacer un balance del último año y anunciarle a los legisladores los proyectos que llegarán al Concejo. De esto, poco y nada.
Mientras aseguraba que su gestión administra de manera “austera y eficiente” los recursos públicos, la imagen de un Concejo Municipal repleto de funcionarios se daba de frente con la proclama del político. Secretarios, coordinadores, directores ascendidos políticamente, nuevos empleados y hasta los patovicas de la puerta, aplaudían con ganas.
La presencia de “patovicas” fue un dato llamativo en la puerta de ingreso al recinto. No se ocultaban y se mostraban como custodios del lugar. ¿Temían protestas? El acto no fue promocionado previamente, inclusive el personal de carrera del Concejo Municipal advirtió en las primeras horas de la tarde a la prensa que al atardecer se hacía el acto institucional. Nadie sabía del día y hora señalada para llegar al lugar.
Tan curioso como la hora y media que estuvo un patrullero parado en la puerta del Concejo Municipal con las luces encendidas y dos agentes en custodia.
El discurso fundacional se reiteró: fuimos los primeros en hacer ésto, por primera vez en la historia Esperanza tiene esto, desde que estoy yo todo funciona, a pesar de lo que me dejó la gestión anterior pudimos poner las cosas en su lugar. No es Aarón Castellanos, es sólo Rodrigo Müller, el intendente del 2026 que no tuvo mucho que contar y cayó en sus repetidas retóricas de un dirigente que hace alarde de los logros de su gestión, pero que todos sabemos no tiene ni peso, ni decisión política propia.
Vendrán tiempos aún más difíciles en la realidad económica del país y de la ciudad. Resultará difícil que estos políticos propongan otra solución más que el sometimiento y la obediencia, a cambio de unos pesos del erario público. Dios proteja a nuestra sociedad de esta dirigencia.