En conferencia de prensa, Miroli explicó que “cuando se habla de las patologías adictivas hay tres polos: el de la demanda (la persona que quiere consumir), el de la oferta (el que quiere dinero y poder) y el polo económico que lava los activos. Esto no sucede en otras enfermedades, porque no hay nadie vendiendo virus sida o infartos en la calle, pero sí hay personas vendiendo drogas; entonces se produce un triángulo que hay que trabajar en conjunto”.
Y aclaró que “la pata del que vende la deben combatir los gobiernos, la Justicia y la policía porque contra eso los papás no pueden hacer mucho; la otra pata importante sería evitar que el dinero de la droga se legitime y que deje de ser negocio, pero a eso lo tiene que hacer el sistema financiero mundial. Pero hay una pata importantísima y trascendente que es lograr que las personas de nuestros afectos, de nuestro entorno, no vayan a buscar la sustancia; es decir la reducción de la demanda. En esto la familia es trascendente; ya sea la familia tradicional de mamá, papá, abuelos o ya sea toda la variedad de familia que hay ahora con la ley de género”.
En ese marco, reflexionó: “Sucede que la familia está desorientada, no encuentra su lugar, está inmersa en un mundo lleno de cosas cambiantes donde los valores no valen, se perdieron, donde la posibilidad de ponerle límites a un hijo suena a tortura o represión, donde la alianza que había entre la familia y la escuela se ha perdido y a las maestras que antes llamábamos primera mamá ahora es la primera enemiga”.
Y agregó que “en este mundo quebrado hay que rescatar algunos roles. Y en un mundo de rápida comunicación, de celulares, de padres que trabajan, hay que tratar de encontrar caminos desde la concepción (desde el vientre y no desde los 12 años) y poner en marcha –con todos los conocimientos científicos disponibles hoy- mecanismos de prevención en nuestros hijos, para que si alguna vez reciben la oferta de droga –que es lo más probable porque, por cómo van las cosas, dentro de unos años habrá un dealer en cada baldosa- puedan caminar en medio de ella y no la acepten, pero si la aceptan que no se enganchen, que no dependan”.
“Si bien la probabilidad de probar va a crecer, el objetivo es que podamos disminuirle la probabilidad de depender, de abusar o de quedar atrapados por la sustancia; y si bien no es lo ideal que prueben, tampoco vamos a rasgarnos las vestiduras porque probaron una vez”, evaluó.
Sobre la forma de poner en práctica estas cuestiones, sostuvo que “en estos momentos hay que hacerlo rescatando cosas que las familias no han perdido y potenciándolas al mango, como el fortalecimiento de la autoestima en los chicos y la sensación de protección, para que sepan que papá y mamá ejercen ese rol protector y que cuando nuestros hijos reciban una oferta sientan que a los primeros que pueden ir a contarle es a papá y a mamá; que esos padres vuelvan a descubrir que sus hijos valen y que se atrevan a decirle cada día ´Te amo, hijo´, pero con gestos no con palabras”, concluyó.
Redacción: Ayelen Waigandt – Esperanza Día x Día – CSC Radio