El desgaste por el debate permanente de detalles ya analizados durante otros años, el nivel de autoritarismo y la frustración de los voluntarios integrantes de las asociaciones, es parte del mix que moldea una nueva edición de la Fiesta de las Colectividades de Esperanza.
El panorama desolador del lanzamiento realizado en la última semana, donde estuvieron los integrantes de las colectividades participantes y las autoridades municipales, muestra que la imposición organizativa, muchas veces, genera voluntades de brazos caídos. Como consecuencia de falta de ganas, lo que falta, se tiene que comprar con horas extras y más contratos.
Conviene aclarar que la 20º Fiesta de las Colectividades que se realizará el próximo fin de semana será un éxito porque se trata de una convocatoria consagrada en la ciudad. Quienes la organizan cuentan con el trabajo realizado en las 19 ediciones anteriores como antecedente de éxito y porque una vez más, los funcionarios pasan y las colectividades quedan.
Este reporte no pone en dudas la realización, pero alerta sobre "los humos" que le quitan visibilidad y sentido común a la organización: "La institución que no retire el reglamento y firme su conformidad no podrá participar" comenzó diciendo la Secretaria de Cultura y Educación Gisela Beresvil cuando dio los primeros pasos de la organización.
"Lo hice yo, que de esto sé, porque soy abogada" agregó. El reglamento de la organización procura darle autoridad al municipio con una secuencia de amenazas de sanciones poco claras, tras los hechos vividos el año pasado, cuando se repitieron quejas por ubicaciones y detalles organizativos en medio del festival.
"Yo decidí que la fiesta es con entrada gratis", agregó Beresvil que justificó la decisión: "la filosofía de mí partido es que tiene que ser con entrada gratis y así va a ser". Decisión política partidaria que afecta la organización.
Para las colectividades fue exitoso el cobro de una entrada módica con ticket de consumo asegurado y entienden que la imposición de la gestión Müller atraerá al público pero difícilmente al consumo.
"Mirá que pasaron secretarios de cultura en veinte años, pero este nivel de maltrato y autoritarismo no lo vi nunca" nos dijo uno/a de los integrantes de las colectividades. "No es la misma secretaria que nos presentaron cuando asumió, es otra, no se que pasó" sumó uno/a más. "No te voy a negar que analizamos no participar, no nos merecemos esto, pero la colectividad está sobre las relaciones personales y por eso estamos", sumó una/o tercer testigo consultado.
"Lo de la entrada gratis es una decisión política que podes compartir o no, pero hay nuevos gastos que nos obligan asumir", sumó una cuarta persona consultada. "Se la pasan amenazandonos con sanciones como a niños de jardín de infantes", ejemplifico alguien que sentenció: "ese reglamento es un chiste".
La situación de enojo de los representantes de las instituciones es real, pero todos están "bancando" la fiesta, a pesar de la incógnita del resultado económico.
Ubicación de los stand, espectáculos, viáticos, deficiente infraestructura de servicios y obligación de participar del acto para aplaudir a funcionarios, es parte del debate permanente de todas las fiestas.
La titular de Cultura y Educación, la tercera elegida por el intendente para ocupar ese cargo, muestra claras falencias en el manejo de grupos, por ello se encierra en las órdenes que recibe y las impone a fuerza de gritos y amenazas. Los amenazados se paran, se van y se vuelven a sentar porque ya aprendieron que la institución que representan está sobre las personas.
También aprendieron que cuando la política mete la cola, enchastra.